martes, 28 de abril de 2015

Reflexiones y vida cotidiana practicando mindfullness en Nilambe (2): Comida, trabajo y relación con la naturaleza

Actualización 19 de marzo 2016:

Ya he transferido completamente éste blog a mi nuevo blog www.cintiasloveinaction.com

He puesto mucha energía en él y me encantaría veros por allí.
Os espero con los brazos abiertos!

Cintia




En éste post hablo del mindfullness de manera muy práctica en las actividades cotidianas como son el comer, el trabajar, el pasear la naturaleza... lo que sería redescubrir la vida con una nueva mirada.

Experimentando el mindfulness cambiamos nuestro presente

La vida en el centro consiste básicamente en practicar el mindfulness (la atención plena) durante todo el día en todo lo que se hace, en la medida de lo posible, claro. Con práctica, te vas volviendo más consciente y  eres consciente de lo que haces, que no es lo habitual! Aun así, no es nada fácil. Incluso teniendo todo el tiempo del mundo, todo el silencio y toda la paz, me doy cuenta qué fácil es que la mente se distraiga. A la mínima que te despistas, ya está engarzada con cualquier tipo de pensamiento. El problema es cuando ésos pensamientos no son positivos, y no nos llevan a ningún cambio positivo.

Habitualmente hacemos las cosas mecánicamente, sin la conciencia de que las estamos haciendo… por eso damos portazos, se nos sale el agua del vaso, nos ensuciamos cuando comemos, pisamos a otro sin querer, dejamos el grifo abierto, hablamos demasiado alto, caminamos y parece que pase un elefante haciendo un montón de ruido, etc…. Y por eso hacemos veinte cosas al mismo tiempo!!!

La conciencia hace que pongamos atención a lo que hacemos, lo que decimos y lo que sentimos. La conciencia viene con la presencia, y la presencia se consigue con la lentitud, con el “awarness”, con la atención plena.

… Mindfullness con la comida…

Para mi, una de las mayores experiencias que he tenido aquí ha sido en relación con la comida. Comer conscientemente ha sido como volver a nacer en cada cucharada o cada sorbo. Llevar toda la atención a los sabores, la boca, la lengua, el paladar, cada mordisco, cada movimiento de mi mano para llevar la comida a mi boca… ha sido algo casi mágico.

Aun tengo grabados a fuego en mi memoria algunos de los recuerdos sensoriales que he tenido comiendo. Por ejemplo, recuerdo el primer día que desayunamos ese excelente desayuno a base de prorridge, dátiles, cacauetes y plátano. Puedo asegurar que ese y muchos otros que he tenido después han sido los mejores de mi vida! Recuerdo la mezcla del sabor más bien insípido del prorridge, con esa textura a papilla de bebé con el dulce de los dátiles… Recuerdo ese sabor a tostado de los cacauetes mezclándose en mi boca con el resto de alimentos… Recuerdo esos dátiles, tiernos, carnosos, deliciosos…

También recuerdo el sabor de la papaya, dulce y tierna… el sabor de la piña… dulce con un punto de acidez… el arroz en su perfecto punto de cocción mezclándose con las patatas y la salsa de coco… la mezcla del sabor de la calabaza con el toque a canela y cardamomo…

Para mi jugar a “buscar” sabores y especias era casi como un juego… básicamente porque en mi país no acostumbramos a cocinar con especias y me encanta saborearlas… Cada cucharada que me metía en la boca intentaba detectar nuevos sabores y encontrar el sabor de las especias… cardamomo, mostaza, curry, canela, chili, pimienta…

Mi experiencia con el té fue otra de las grandes experiencias que he tenido. Había días que disfrutaba tanto con cada sorbo de té, mientras me lo bebía en silencio contemplando ese bello paisaje, sintiendo el sol tocando mi cara, mientras oía el agua del estanque caer y el canto de los pájaros… que era un gran momento de presencia para mi. Que más podía pedir!


Disfrutando tanto con los sabores, y sintiendo tanto placer por algo tan simple como la comida empecé a preguntarme cómo era posible que yo pudiera estar disfrutando de eso, qué había sido necesario que pasara antes para que yo pudiera estar disfrutando de esa comida en ése instante…

A menudo no valoramos todos los procesos y “cosas” que han tenido que suceder para que nosotros podamos hacer uso de ellos… que ha tenido que pasar para que salga agua caliente del grifo, para que llegue éste autobús a éste lugar remoto, para que yo pueda encender el interruptor y llegue luz… cosas así.

Empecé a preguntarme…
  •          Cuántas horas de sol habrán sido necesarias para que ésta papaya haya crecido y esté dulce y preparada para comerse?
  •          Cuánta lluvia y cuánta agua habrá necesitado esta palmera para que pueda producir tan deliciosas piñas?
  •         Quién se habrá subido al árbol a coger éstos cocos y éstos dátiles?
  •          Quién habrá elaborado éstos rotis o pankakes? Cuánto tiempo habrá necesitado? De que campos de trigo habrá salido la harina?
  •           Qué cocinero habrá cocinado con tanto amor este desayuno… tostando los cacauetes, haciendo el prorridge con tanto amor?
  •          Quién habrá cogido éstas hojas de té? Cuántas horas de trabajo habrá tenido que hacer ese “teaplaker” (recolector de té) para que yo esté disfrutando de éste momento ahora?
  •           Quién habrá traído ésta comida hasta aquí arriba? Quién habrá tenido que ir al mercado a comprar y dedicar una parte de su tiempo para que yo pueda comerlo ahora?

Viviendo lentamente te das cuenta del valor real de las cosas. Las cosas no aparecen ahí como un milagro, aunque la vida sea realmente un milago…

… Mindfullness durante las actividades de trabajo…

Durante el primer retiro en el que estuve los trabajos que realizaba a la hora de “working meditation” eran básicamente en el jardín. Barría, cogía hojas, quitaba piedras grandes que nos pudieran molestar en los pies al caminar descalzos por la arena, regaba las plantas… etc. Trabajar en el jardín tiene algo muy mágico y especial: estás en contacto con la Tierra. Para mi meditar barriendo era algo especial porque el simbolismo de barrer puede ser como el de “limpiar”, “quitar energía antigua o estancada”. Así pues, mi conciencia o meditación al barrer era la de restaurar la energía del jardín, del planeta, de mi… es algo muy holístico y metafórico.


Pero donde realmente he disfrutado de verdad de éstas horas de trabajo fue en mi regreso a Nilambe ahora en abril. Vi que muchos de los cojines amarillos de la oficina y que usamos para sentarnos en los escalones o en los bancos de fuera estaban rotos o descosidos. Pensé que haría falta a algunos de ellos darles unas puntadas y coser las roturas.

Pedí hilo y aguja y empecé a dedicarme a coser cojines. Disfruté muchísimo de esos momentos! Acostumbraba a hacerlo sentada en el jardín, rodeada de plantas y me sentía como si hubiera hecho un retorno al pasado. De repente me veía con mi abuela, me venían recuerdos de cuando yo era pequeña y ella me enseñaba a coser. Lo de coser en la actualidad es algo que lo tengo muy descuidado y que más bien diría que no me gusta, porque las cosas que tengo que coser son emergencias de última hora… lo típico, te das cuenta que se ha caído un botón justo antes de ir a una cena, el pantalón está descosido y te tienes que ir a trabajar… cosas así. Para mi coser siempre ha sido algo que tenía que hacer inevitablemente, pero no por placer, por gusto. Así que dedicarme a hacer ésta “buena labor” me ha aportado muchos agradables y gratos momentos.

Haciendo velas

Otra de las actividades, y la que más ha significado para mi, ha sido la de hacer velas en el centro de meditación, la cuál es mi tarea actual de todas las mañanas. Al no tener luz el centro, es necesario hacer velas y siempre hay un encargado/a que se encarga de hacerlas. Antes de mí estaba otra chica alemana, y al irse ella del centro y  me preguntó si quería ser yo la responsable y pasarme el “testigo” y me alegré mucho de poder tener el honor de “traer luz a Nilambe”. Le dije que sí… por supuesto!


Disfruto mucho haciendo velas cada día “mindfully”, es decir, con atención plena. La hora u hora y algo que estaba en aquel cuartucho cortando parafina, fundiéndola en el fuego, engrasando el molde, colocando el hilo, rellenando el molde con la parafina fundida, abriendo el molde al día siguiente para ver cómo habían quedado las velas…  como yo digo es como ir a abrir un huevo kínder y ver que sorpresa me encuontro dentro!

Una de las cosas que más me gusta es elegir el color de las velas que voy a hacer ése día, pues para mi los colores tienen mucha simbología. Rosa amor… Dorado sabiduría… Verde sanación… Lila purificación… Naranja creatividad… Azul protección… Así pues, ésta actividad además de ser una meditación es pura devoción para mi, es un rato que paso completamente absorta en la actividad de “traer luz” y me aporta mucha energía y realización personal!


… Caminando descalza…

Muchos ratos, o la mayor parte del tiempo aquí lo paso caminando descalza. Para mi ha sido otro gran descubrimiento pues me ha conectado mucho con la Tierra. Ahora en abril llueve más y hay más sanguijuelas y eso impide que podamos caminar igual de descalzos, a no ser que queramos correr el riesgo de que nos vayan chupando la sangre en todo momento! Poca broma… la experiencia de las sanguijuelas es otro tema “clave” si quieres venir a Nilambe y es época de lluvias…

Pero por lo general, el caminar descalza ha sido otra de las grandes sensaciones que he podido vivir aquí. Me llevo gravados en mi corazón el recuerdo de esas meditaciones caminando descalza en el jardín, ese ir y venir a la cocina, a la sala de meditación y por casa con mis pies desnudos, abiertos a la vida… he bailado mucho yo sola… si, si!! Mis pies bailaban solos! He reconectado con ellos… y veía que esa preciosa parte de nuestro cuerpo ahí abajo del todo, es la puerta de conexión con la Tierra, y la que me permite desplazarme y recorrer el mundo… gracias pies!!


… Mindfullness observando con la naturaleza…

Otro de los elementos con los que he podido experimentar el mindfullness es con la naturaleza, ese bello tesoro que nos rodea y nos crea, que nos da la vida y tan a menudo ni lo valoramos, ni lo contemplamos, ni tan siquiera le damos las gracias por los frutos que nos da y las experiencias tan bonitas que nos regala…

Además de sentir la plena conciencia comiendo, caminando o trabajando, empecé a sentir la plena consciencia relacionándome también con la naturaleza, con todos esos animales y fenómenos naturales que sucedían a mi alrededor y nunca me había detenido a mirarlos y contemplarlos como ahora. Por supuesto que ya había sentido ésta sensación muchas veces anteriormente en mi vida, pero aquí, en ésta etapa particular de mi vida en la que estoy centrada en el aquí y el ahora, empecé a mirar la naturaleza con otra mirada más “despierta”, empecé a sentir la naturaleza en mi piel de otra manera (porque yo soy otra…), empecé a hablar con la naturaleza, amar la naturaleza, valorar la naturaleza… devolverle el amor y el agradecimiento por tantas cosas que ella me regala diariamente!

Empecé a descubrir cómo se mueven algunos animales, como vuelan, como se transforman… empecé a escuchar los sonidos del agua, de los grillos, de las ranas… empecé a mirar con más detenimiento la puesta de sol, los colores que aparecían, la niebla que se formaba a veces, las formas de las nubes…

Descubrí que a las mariposas les gusta volar juntas en grupos de cinco, de diez, a veces incluso más … Empecé a ver mariposas por todos lados y jugaba con ellas… miraba a algún lugar dejando la mirada fija y empezaba a contar cuántas mariposas se cruzaban por delante de mi vista… me sentía, y  me siento niña de nuevo!

Me di cuenta que en el pequeño estanque que hay en el centro hay muchos tipos de animales dentro, entre ellos ranas… y descubrí que había un renacuajo que se estaba convirtiendo en rana y tenía medio cuerpo de renacuajo y medio de rana… fue muy divertido!


Me di cuenta que por el cielo pasaban muchas águilas… que había muchos tipos diferentes de réptiles de diferentes tamaños y colores… empecé a observar los movimientos de los monos siempre que se acercaban al centro en busca de comida… cómo se mueven en grupos, cómo se quitan los piojos los unos a los otros, cómo nos miraban con detenimiento al acecho a ver que podían “robarnos” con su mirada traviesa…

Empecé a mirar con detenimiento los largos caminos que hacían las hormigas, unas detrás de otras… sin chocarse pero siguiendo una trayectoria…
Me di cuenta que en febrero el sol le ponía en un lugar concreto de la montaña, y cuando volví ahora en abril se pone un poco más a la derecha…en otro lugar de la montaña…

Me he hecho íntima amiga de la gata del centro, y se pasa días y días y horas y horas conmigo mientras yo leo, escribo o medito. Le encanta sentarse en mi falda y lo que más me gusta es que cuando abro la puerta del balcón bien pronto por la mañana, sobre las 5 am o así ella ya está allí para darme los buenos días… que cosa tan linda por favor!

He percibido el milagro de la vida en la naturaleza. Cuán generosa es y cuántas cosas imprescindibles para vivir nos aporta: agua, luz, alimentos, sonidos, sensaciones, protección, nuestros amigos los animales…  Cada día le doy los buenos días al nuevo día, y a la niebla… y cada noche le doy las buenas noches, al día que se va, y a la luna…

Hoy siento que la naturaleza y yo hemos empezado una  nueva relación, una nueva amistad, una nueva forma de comunicarnos… un nuevo camino juntas!!