lunes, 19 de enero de 2015

En busca de nuestro destino

Actualización 19 de marzo 2016:

Ya he transferido completamente éste blog a mi nuevo blog www.cintiasloveinaction.com

He puesto mucha energía en él y me encantaría veros por allí.
Os espero con los brazos abiertos!

Cintia


Cada vez estoy más convencida que todos tenemos un destino que está muy relacionado con nuestra misión de vida. Al parecer, cuando nuestra alma se encarna en la Tierra, en tu cuerpo físico, ya elije cuál será su misión en ésta vida, cuál será el propósito por el cuál decide volver.


Seguir tu destino es seguir tu corazón, esa voz que te susurra en silencio, que te guía y marca el camino conectándote con tu esencia, con tus dones, con tus talentos… con lo que te hace feliz. Esas cosas que hemos hecho de pequeños de forma tan natural, esas cosas que nos dejaban absortos durante horas, esas actividades que nos hacían sentir satisfacción y gozo, esas actividades que anhelábamos realizar más a menudo eran indicios de un don que ya venía con nosotros “de fábrica” o se estaba gestando. O tal vez lo descubres de repente, de manera súbita al despertar y te das cuenta que hay “algo más” que mueve tu vida y es el motivo principal por el cuál estás aquí.


Pintar, escribir, hacer deporte, caminar por la montaña, ayudar a otras personas, diseccionar insectos, hacer música, cuidar de los animales y las plantas, poner las manos encima de otras personas con la intención de sanarles, luchar contra las injusticias sociales… son algunas de las cosas que ya desde niños nos guiaban en el camino pero que a menudo de adultos olvidamos, aparcamos, dejamos o posponemos simplemente porque nos apartamos del camino, porque se nos olvida la misión de nuestra alma, porque acabamos llevando vidas rutinarias o autómatas donde se antepone “lo que toca”, al desarrollo de nuestros talentos y la creatividad.


El sistema educativo tampoco nos educa en el talento, ni nos ayuda a creer en nuestro potencial y en nuestra inherente capacidad creativa. Más bien nos castra, y acabamos creyendo que el arte y la mística son actividades poco productivas con las que ganarse la vida. Vivimos en un modelo de sociedad donde se promueve la productividad antes que desarrollo de otras inteligencias y dones más intuitivos y/o creativos. Una sociedad que, en líneas generales, no nos incentiva a volar y salirnos de los parámetros socialmente “correctos” o bien vistos. Más bien te infunde miedo y un sinfín de creencias limitantes para que te quites todos ésos pájaros de la cabeza y pienses más “racionalmente”.


Lo mejor que te puede pasar en la vida es que llegue un día en que te indigestes de ésta sociedad y de toda esa herencia cultural y tengas que replantearte si el camino que elegiste un día (tal vez aún sin el conocimiento de ti mismo que tienes ahora) es el camino que te lleva al desarrollo de todos tus talentos. Tendrás que valorar y decidir si te compensa mantenerte cómodo en una determinada actividad o trabajo, pero pagando el coste de una insatisfacción eterna por no dedicar más tiempo y esfuerzo a eso que te hace volar, a eso que te transporta, que te hace realmente feliz, que da sentido a tu vida.


No se trata de echarlo todo por la borda, ni mucho menos, se trata de hacer pequeños reajustes en tu vida para darle un mayor sentido a tu día a día, y una mayor coherencia entre lo que haces, lo que dices y lo que piensas. Se trata de dar espacios a tu ser para crear y que no muera de inanición por las obligaciones, el trabajo, las cargas familiares, los compromisos, tus miedos y una larga retaíla de condicionantes que se interponen entre el camino de tu autorrealización y tú.


El día que haces callar la mente y escuchas más tu corazón te das cuenta de muchas cosas que hace tiempo te estaban llamando pero tú no las escuchabas… como ibas a escuchar si la mente no para, como un mono que no para de saltar y de hacer ruido? Cómo ibas a escuchar tu guía interior si tu te tapabas los oídos?


Esa misión de vida ya venía contigo, ya te llamaba mientras tu hacías oídos sordos. Esa misión de vida ya iba a tu encuentro mientras tu huías de ella contaminada por tu entorno, ciega y sorda, absorta en su vida cotidiana…


Reconoces tu misión de vida por la ligereza que te trae, por el alivio que sientes al reconocer eso que viniste a hacer, por la felicidad que te embriaga, por la paz interior que te trae al saberte en el camino correcto…porque casi por arte de magia todo se vuelve más simple, más sencillo, más liviano. Es como si todos los astros del universo se alinean a tu favor y te dijeran: “Sígueme, sin miedo. Confía en mí” y tu, sin más, te rindes al camino que se abre ante ti. Un camino vivido desde el corazón, donde parece que el peso de la rutina se desvanece e ir a trabajar se convierte en un gozo de vivir, un placer constante porque amas lo que haces, y vives de lo que amas

Os deseo de todo corazón que vuestro destino y vosotr@s os crucéis cara a cara...

Con amor,

Cintia